Saturday, February 25, 2006

FELICIDADES ABUE!!!

HOY cumple años... que no, que no se cuántos, aunque... Matusalén llegó bastante después... que no, que tampoco se.

Puede ser chiquita o grande, la mar de dulce o la guerrera más feroz, tierna y mordaz, soñadora y pragmática, con el corazón apuntando al cielo y los pies clavados a la tierra, de la suya o de cualquier parte, con una capacidad admirable para aprender y volar y emprender proyectos de cualquier índole, los que parecen imposibles hasta que los hace suyos.

No deja de sorprenderme. Le imaginaba muy parecida a como es. Pero. Siempre hay uno, cierto? Esperaba una voz raspada, un poco aguardientosa, de buscapleitos y cantamañas, como se define y ha probado. Pero. Tiene una voz hermosa, llena de matices y una risa que contagia.

Este es un pequeñísimo homenaje para un ser que me resulta especial y tan entrañable como su cariño y sus tiernos abrazos virtuales. Y como si siga, corro el riesgo de recibir una regañina por empalagosa.

Muchos besos, un abrazote fuerte, muchos deseos de que goces siempre de buena salud, que a tu mesa nunca falte alimento ni bebida, que desaparezcan todos los cigarros y tabacos de tu universo y siempre, siempre conserves tu alegría y disposición... y los brassiers de florecitas y...

Para todos, es Gatopardo. Para algunos "l'agüela". Para mí (tú sabes), aquella G.


PD 1: Ese es tu gato, que se olió merengue y ha metido hasta la colita en el pastel. Que no lo traje yo, vale? Que vino solito ;)

PD 2:No creo que especialmente hoy seas muy selectiva con la talla de cerebro, eh! Pero si insistes, siempre nos queda un murciano.
Besotes, mil.

Wednesday, February 22, 2006

Descontando cuentos

Una mano que da, otra que quita; por un lado se gana, por otro... ¿qué realmente se pierde? Un día tras otro, sin prisa. Cada minuto se cumple exactamente a los mismos segundos que el anterior, pero cada segundo es distinto.

Hace unos días la luna estaba redonda, gigante y sentada en un banco la veía moverse, cuando en realidad era la tierra donde estaba ese banco conmigo encima quien se movía y se mueve. Por primera vez, que recuerde, me pregunté cómo era posible no caer, girando a tal velocidad que en apenas minutos, esa hermosa luna ya no estaba a ras del suelo y se elevaba como un globo. Si abriera los brazos, si pudiera volar, me gustaría abrazarla. Dicen que es fría, distante; sin embargo, a ella dedican estrofas los poetas y suspiros los enamorados. Nemo mira al cielo y cuenta estrellas; alguna vez yo también contaba... también estrellas.

De pequeña solía mirar el cielo desde la azotea en casa de mi abuela Pilar, el edificio más alto de su calle. Encontraba formas curiosas que iban tomando cuerpo en historias que me inventaba; luego comencé a ver figuras en la oscuridad, formadas por las ropas tiradas al descuido sobre la baranda de la barbacoa; luego en los pisos de granito, en los guardavecinos, el tronco de los árboles, luego...

Todo comenzó, o me hice consciente de ello, cuando ante la insistencia de “moda” de mi madre, me compró unos zapatos para ir a la escuela. Desde antes y desde siempre vestí y calcé como se podía y dejaba los gustos para mis sueños donde era princesa y me abría la falsa piel por medio de un zipper para dar paso a una muchacha bonita, de cabello muy largo; me bastaba con soñar y ya era felíz. A decir de mis padres, nunca pedí o reclamé cosa alguna, aceptaba lo que me daban sin chistar. Si hubieran querido leer en mis ojos. Pero aquella vez y camino a la escuela comencé a contar los zapatos del mismo tipo que usaba la gente, con el paso de los días ya no era gracia sino obsesión hasta que decidí enfrentar a mi madre y decirle que mejor andaba descalza y nunca más los volví a ver.

Pasaron los años y sin darme cuenta volví a contar, las estrellas en el cielo, los puntos en el tejido. En la sala de espera de los hospitales contaba los cuadros del techo, del piso; en casa, los mosaicos en la pared; mientras esperaba en filas infinitas la llegada del "camello", contaba los bancos del parque, los árboles, los pétalos en una flor, las personas, los dedos en sus manos... Pasaron muchas cosas pero cada vez se me hacía menos posible parar de contar.

Coleccionaba fechas, efemérides, cumpleaños, aniversarios, contaba los días, los meses y los números daban vuelta, girando, cambiando de tamaño y tipografía. El mundo se detenía en cada evento, mientras sentía que me agotaba, cada vez tenía menos fuerzas, menos ganas y comencé a olvidar, incluso las cosas que conocía de memoria, lo que había hecho y explicado tantas veces. Me sentía enferma y pensaba que la cura sería poder vomitar... si tan sólo hubiera podido.

Un día, desde la calma más total, tomé una; mejor decir, un paquete de decisiones, porque por alguna razón que desconozco, no consigo hacer las cosas de una en una. Y eso bastó para que dejara de contar, como si me hubiera vaciado y quedara mucho espacio para ser llenado de nuevo. No me dí cuenta al principio. Luego pensé en la necesidad primitiva; sobrevivir no deja espacio para melindres. Cuando no se trata de adornar la historia sino de crearla, desaparecen, si no todos, muchos límites. Y la explicación que encontré fue “libertad”.

Desde hace un tiempo, meses, volví a sentirme presa, enfrascada en una lucha sólo exteriorizada en mi interior, llena de diálogos, razones, verdades, justicias, pero descargada en dispersos fragmentos a los oidos de unos pobres amigos, jamás al elemento perturbador. Comencé a sentirme apagada, caminando en reverso, obligándome a hacer lo responsable, lo correcto. Y volvieron las cuentas, de las horas para irme, de los días para terminar la semana, el mes, el año, dándome razones, cotejando lo injustificable.

Ayer, y luego de pensar mucho cómo abordaría la situación, fue simplemente “quiero hablar contigo. Me voy” y todo terminó. Un nuevo paquete está en marcha. Hoy no he necesitado convencerme, las horas han volado sin ayuda de mi chequeo constante y confirmo que una cosa es mirar disfrutando y otra opuesta es intentando encajar o poseer. Ese es mi nuevo aprendizaje, cuando me vuelva a descubrir contando, me detendré; es la señal, en mí, que anuncia cautiverio abrazado al miedo que inmoviliza.

Y me gusta mirar al cielo, abrir los brazos, cerrar los ojos, aspirar el aire y girar. Ya no soy para nadie la “osa mayor” y eso me da gusto. Ya mis ojos no esquivan ni asoma una lágrima ante la "osa menor" y eso me libera. Soy una mujer, en la tierra, incontable, innombrable acaso. No quiero a alguien que baje una estrella hasta mi almohada, ni que me prometa el cielo; quiero una mano cálida, parte de un hombre vivo que no le importe girar, con quien no sienta ganas de hacer cuentas, ni de pasado, ni de futuro.

Un día escribiré menos que no mejor. Hoy es una buena terapia.
Buenas noches.
Un beso.

Anímate, vale? Te he dejado colgado un abrazo en el lucero del alba.
Tú lo verás primero y lo sentirás como al sol en la mañana, ayúdale a brillar con tu sonrisa.
Me te cuidas y te me cuidas.
Monday, February 20, 2006

Hoy puede ser el día

Y hoy me cubro, de algo, pero me libro... ayúdame Serrat.
¿Cómo es que dicen?
Ah! Sí. Mejor colorado una vez que rosadito cien.
Crucen los dedos, amigos, conocidos, despistados... el mundo en general.
Gracias.
Saturday, February 18, 2006

Insomnio o las aventuras de la malanga voladora

No podía dormir. Una mezcla rara que me llevaba un poco turulata. Esta historia data (eso de "data" suena como a historia antigua, cierto?) de hace unos meses pero incluso sin insomnio ni turulancias, de cuando en vez, se repite :)

Y dice...

Anoche dejé todo listo y la casita bien ordenada, con la gracia me acosté pasadas las 2:00am y al abrir los ojos, hoy, me dí cuenta de que todo estuvo “perfecto” excepto por un ligerísimo detalle, tenía en “off” los dos despertadores (hasta el infame prometedor que NeverLate), pero lo pre-alarmante viene ahora.

Sin dar más vueltas, me he levantado. Uf! Tardísimo! He puesto la cafetera (un buen café sacará de mí el sueño-oso que me abraaazaaaaaghhhh) y luego de colar, la he retirado sobre la mesita. Entro a la ducha... con el cepillo de dientes en la mano “y ahora, qué hago?”. Salgo a los 15 minutos, que es lo más rápido que he conseguido (el agua cayendo me hipnotiza, ¿a tí no?), preguntándome si me habré lavado los dientes, toco el cepillo y está mojado; o sea, parece que sí.

He ido a preparar la leche, lamentando que no me daría tiempo a colar café y le he puesto una cucharadita del instantáneo. Me visto a toda prisa mientras observo el celular sobre la mesita y le digo “te vas a quedar”; tiempo perdido, los celulares son sordos y sin paticas, puegh!

Salgo de casa llena de bolsas, debo ser cubana de verdad, por si no lo saben el cuerpo humano, de un cubano, consta además de cabeza, tronco y extremidades, de una bolsa (jabita, que le decimos).

Justo recuerdo que debo botar la basura pues en un rato pasarán recogiéndola. Dejo, sobre el capó del auto, el pomo con agua y regreso a la casa. A toda prisa tomo la bolsa, cierro, voy hacia el contenedor que ya está en la acera; son apenas unos metros, pero con la mochila abierta y a medio colgar, pronto me transformo en Gretel sin Hansel y voy dejando, ya no migajitas de pan, pero sí el pomito de crema para lavar las manos sin agua, caramelitos para la garganta por si me duele, el pomito de multi-vitaminas por si algún día decido tomarlas, la libretica de notas, el menudo suelto que olvidé meter en el monedero... cuánta cosa en este bolso, no sin razón pesa un quintal. En otra vida me pediré, si vuelvo a ser mujer, que me hagan en versión no-cartera. Bueno, a falta de ya saben voy recogiendo cada cosita en lo que me encamino al auto.

Anda! Qué contratiempo! El auto no abre. Cuando estoy a punto de decretar que me lo han robado, cambiado, trocado, entonces y sólo entonces, me doy cuenta de que he estado intentando abrirlo... con la llave de la casa. ¡Despierta, mijita!

Corazonada. Confirmada. No me he puesto aretes y no es cosa de andar por ahí a medio vestir, cierto? Otra vez a casa, agarro los primeros que machean con el atuendo y listo! Listo? Mientras voy cerrando, recuerdo que me he olvidado regar las flores y pobrecitas, todo el día sin beber agua, eso no! Para una que se deshidrate (o sea, yo), basta. Abro, entro, un vaso, agua, salgo, las riego y sonríen, de verdad que sí. Regreso al auto, abro (al fin!), entro, me siento y cuando voy a arrancarlo, noto que las llaves han desaparecido; no están en la mochila, ni en ninguna otra de las bolsas, salgo y voy hasta el cesto de basura... nada! Oh! (otro). Se han quedado colgadas en la puerta. La cabeza sí la llevo puesta. No está de más confirmar. Sí, positivo. No es la primera vez. Lo de las llaves, digo. Enciendo, pongo marcha atrás... ¿y ese pomo con agua qué hace ahí sobre el capó? Oh! (y dale con la creatividad) Ya caigo!

No me soporto. Ni siquiera he conseguido salir de casa y ya estoy lista para acostarme a dormir. Otra yo, por favor!

No recuerdo cómo transcurrió el día pero sí que al llegar a casa en la noche, noté, para mi asombro, que la cafetera estaba llenita de café... Oh milagro! Pero ya no tengo ganas de buscar a los duendes traviesos. Mañana será otro dia. Me voy a dormir. Buenas noches... aaaaaaaghhhh
Thursday, February 16, 2006

Acompáñame

Acompáñame a estar solo
A purgarme los fantasmas
A meternos en la cama sin tocarnos
Acompáñame al misterio
De no hacernos compañía
A dormir sin pretender que pase nada
Acompáñame a estar solo

Acompáñame al silencio
De charlar sin las palabras
A saber que estás ahí y yo a tu lado
Acompáñame a lo absurdo de abrazarnos sin contacto
Tú en tu sitio yo en el mío
Como un ángel de la guarda
Acompáñame a estar solo

Acompáñame
A decir sin las palabras
Lo bendito que es tenerte y serte infiel solo con esta soledad
Acompáñame
A quererte sin decirlo
A tocarte sin rozar ni el reflejo de tu piel a contraluz
A pensar en mí para vivir por ti
Acompáñame a estar solo

Acompáñame a estar solo
Para calibrar mis miedos
Para envenenar de a poco mis recuerdos
Para quererme un poquito
Y así quererte como quiero
Para desintoxicarme del pasado
Acompáñame a estar solo

Y si se apagan las luces
Y si se enciende el infierno
Y si me siento perdido
Se que tú estarás conmigo
Con un beso de rescate
Acompáñame a estar solo ...


Hoy me acaricia esta canción de Ricardo Arjona, que no escucho más que en mi cabeza, que quizás está en el aire, en alguna estación o alguien la tararea. Quizás pido mucho. Sólo quiero que me acompañes a estar sola. Y luego.
Tuesday, February 14, 2006

Si el amor llama a tu puerta...


Una vez pensé que vivía un gran amor, "el amor de mi vida", que no era posible amar sin estremecimiento, sin el aturdimiento de los sentidos, que bastaba sentir intensamente y nada más. Me olvidé, no supe, nadie me dijo... mentira... no quise ver, ni escuchar.

Unas estaciones después, algunas eternas... Quizás los años no pasan por gusto, quizás he aprendido, quizás he muerto. Curiosamente (o tozudamente) sigo viva, redescubriendo el calor en una mirada, viviendo sin temblores en las piernas aunque sin prescindir del susto del encuentro, no siempre real pero no imaginario.

He aprendido que nada es para siempre excepto el sentir renovado. La piel pierde tersura, el cabello no prescinde tintes, las manos ya no son tan suaves ni las carnes tan firmes; la gravedad finalmente confirma su existencia. Por dentro también se cambia, ya no es tan importante la efímera belleza exterior y ocupa mayor espacio un tono de voz, el tacto que no se queda en la epidermis; quizás se sueña menos pero lo que se vive adquiere matices de eternos temporales.

Lo que sea "de la vida" lo sabremos al final de ella, si quedamos vivos después de un evento cualquiera, será que todavía queda por sentir, por vivir. Quizás nos aferramos demasiado tiempo a mirar el extremo roto de la cuerda, repitiendo sin fin tantos por qué, recibiendo de vuelta un sin fin de silencios o de razones forzadas y nos olvidamos del trozo de cuerda que aún somos capaces de sostener, de unos pasos que se acercan, de una mano que se posará en nuestro hombro aunque al mirar no veamos más que a una mariposa.

Ser feliz es un estado mental. Hay dias en que me declaro infeliz por elección y otros en que decreto felicidad aunque el viento sople del sur y amenace con estallar el universo. Amar es también una elección.

Felicidades en este dia declarado; otra tontería si aceptamos que vivimos regidos por diferentes husos horarios y por lo mismo, quizás mi hoy es para tí el ayer o tu mañana. Cualquier dia es bueno para nacer, para morir, para lamentarse. Hagamos hoy el amor, si no es posible abrazar otro cuerpo, besemos una flor, la mejilla de un niño, dediquemos un pensamiento de afecto a ese que pasa por nuestro lado en la calle, con la misma prisa, mirando al suelo, con la mirada perdida de preguntas sin respuestas, deseándole paz. Todas las respuestas llegan aunque no siempre sea lo que queremos escuchar.

Feliz día HOY, cuando pases por aquí, cuando leas esto, cuando no lo leas.