Sunday, June 11, 2006

Tostones

Para quien los conoce, la boca echa agua y un desespero por que estén YA para darles una mordida. Su nombre varía por regiones, les conozco como "tostones", "chatinos" o más comomimamádice "plátano a puñetazos" (gráfica ella, no hay pérdida) y aquí va la receta, a lo comodigoyo.

Queda mejor con plátano macho (no soy traductora, así que fíjate en la foto que bastante trabajo pasé para tomarla sin que me lo metieran en la cabeza). Se puede hacer con cualquier otro; pero mejor que sea verde. Se corta en trozos y se quita la cáscara, que sale más fácil de trozo en trozo.

Se pone en la sartén donde previamente se ha echado aceite y no está muy caliente, porque la idea es que se cocine el plátano sin tostarse, sólo como doradito, cocinadito, no quemadito. Se entiende?!

Se saca de la sartén y se aplasta, puede ser con una "tostonera" o a lo cubanodiario, ponerlo entre dos papeles, preferiblemente de cartucho y aplastarlo con la mano. Cuando el trozo no es muy grande, me ayudaba del machacador de ajos y quedan igual de bonitos.

En esta parte hay variantes. Se puede:
  • echar el plátano en agua con sal (queda más suavecito) y luego freir o
  • freirlo directamente y al sacarlo echarle la sal (queda más crujiente)
Ya se saben el final del cuento, que no, no es freirlo, sino comérselo y chuparse los dedos.

lo de quemadito fue por un accidente, no se dejaban retratar :)

Esta receta se la debía a Ana* desde hace meses. Buen provecho!

Modelo: una amiga protestona. Fotografía: una servidora. Ah! no encontraba las fotos, luego sí :)
Saturday, June 10, 2006

Creando

Una llamada sin explicación inmediata echó a volar mi imaginación en tonos de verdes, rosados, violetas; la cita posterior y la razón concreta hizo añicos todo el vitral. Me aseguré de abrir bien los dedos para no sostener ni un trocito, cerré los ojos y llovió en azul. Tonta yo que sigo pensando en mecer; en su lugar, sí crece, una enzima.

Y el debate del día se tornó en si vale la pena compartir o recrearse el mundo en interior?

Trascender como estoico puede ser atractivo, no soy tan valiente, ni tan altruista, ni tan.
-Do you need a hug?- y sin darme cuenta, unos brazotes gigantes me estrujaban desatando el nudo.
-What's your name?- pregunté.
-Pat, and I work in this floor. If you need a hug, just let me know.
Y se fue con su sonrisa tan llena de dientes y de ojos, empujando una silla de ruedas, en busca de otro gris que tornar en su paleta de colores opuestos. Nunca sabemos dónde hay un abrazo. Una pena que no tantos se animen a brindarlo. Una suerte que exista, al menos, una Pat. Que se cruzara en mi camino.

Quizás en poco tiempo pueda desanudar otro nudo, pueda abrir los brazos y estrechar hombros, pueda abandonarme a otros brazos tan queridos y hacer de cada hora un infinito.

La tarde estaba de lluvia y abrí, de nuevo, una hendija a la creación. Pido disculpas, mil perdones -otra vez- con toda humildad a Baroja, a Gabriela, a todos ellos, por contradecir alguna vez que el proceso creativo se potencia en ciertos estados anímicos -de aquellos días recuerdo una rosa e imagino ser un cronopio pequeñito tumbado a su sombra. No se cuándo sucede. Al menos en mí se dispara a ratos y es una forma de escape, de quitar el pensamiento en una misma idea anclándola en otra y salto y río y vuelo y es mi forma de parir. Renazco creando. Que así me sorprenda. Amén.
Sunday, June 04, 2006

para Renier

"Que toda la buena suerte te toque y que alimente tu Aura y tu Espíritu."

A veces pienso en "atrás", un punto al que volver y enderezar algunas historias que viví tan torcidas, cosas que hice y dije tan no sentidas, tan estranguladas; cosas que no dije. Tú, eres parte de esa historia.

Recuerdo nuestro encuentro mientras esperábamos en la clínica. Aquel "siglo" se fue volando gracias a la animada charla. No imaginé-pensé-deseé que nos volviéramos a ver; se me daba conversar en tercera persona, en ausente. Tú tan joven, tan vital, tan hacedor de sueños. Quizás en tí buscaba un haz de mi propia vitalidad perdida.

Nos volvimos a encontrar. Tengo un vago recuerdo de una calle angosta y maloliente donde creo haber encontrado un teléfono que sirviera (echo de menos esa ciudad, esa calle, esas paredes empedradas, ese teléfono, ese olor a sucio). Y una y otra vez intentabas hilvanar una conversación y me costaba seguirte; siempre pensé que eras muy listo, porque hablar con un fantasma, como si no lo fuera, es cosa de listos. Y así fue que un día, en un descuido, estaba aceptando una salida; no imaginas el desasosiego que viví luego. La tormenta me salvaría. No. Para tí no había tormentas imposibles.

¿Te sorprendería si te cuento que aquella tarde, en mi memoria, es como un sueño?

Entraba a un auto que no recuerdo de dónde salió. Los pies mojados -sólo a un fantasma se le ocurre llevar sandalias de tacones bajo un torrencial aguacero. Un teatro hermoso lleno de gente empapada hasta el tuétano. Las butacas tapizadas en rojo, paredes como olas, una orquesta gigante abajo, un corazón encogido y pequeñito arriba. Dos apagones, te acuerdas? Y se me antoja que sólo tú sabías lo que hacías allí, tan ecuánime y tan mojado como todos, pero no perdido. Y luego... Música. Melodía maravillosa. Balsámica. Increíble. Cada acorde se me metía en la piel y comencé a sentir que me llenaba de violines, de piano, de flautas, de ciudad, de noche. No era cierto que ya no era capaz de sentir.

Salimos del teatro, tomamos algo en un café y caminamos bajo la lluvia. Recuerdo cruzar una calle ancha, la larga acera, pero no consigo conectar cómo llegamos, sólo que de pronto miraba una exposición de fotos. Tina Modotti. La mujer de mirada lánguida que vivió de prisa, que amó y fue amada. Había un mensaje ahí, en esa galería. Aquella mujer también murió y siguió viviendo. Y debió caer muchas veces, las tantas que le tocó levantarse y vivió de adentro y de afuera y fue juzgada, amenazada, incomprendida y querida. Vivió, en una sola palabra.

De regreso a casa éramos más que dos, pero no pesaba el miedo; en su lugar se estaba instalando un nuevo inquilino. La huella de la tempestad quedaba en árboles gigantescos arrancados de raíz, que obstruían la calle pero no lograban impedir nuestro paso. Aquel día fue una enseñanza de principio a fin, una prueba tras otra. Tu compañía, muy grata. Dormí en paz, sin deudas, sin nudos. A los pocos días, me fui. Y cuando te recuerdo es todo eso, un ángel que me mostró que es posible aventurarse y sentir y vivir, otra vez.

Este post es dedicado a tí. Y ahora me resulta egoista por parecer, a fin de cuentas, la protagonista. Léelo otra vez y encuéntrate. Te doy las gracias cada vez que me vuelven esos recuerdos.

La vida suele ser un constante ir y venir, un abrir y cerrar, una bienvenida y una despedida, un dar y un recibir, un eterno contraste de opuestos. Y es también un no desesperarar, un latir despacio para reponer fuerzas, un no dejar de andar, un confiar en que hay algo más y sostener con la mirada opaca, la vista en aquella lucecita tenue y distante; creo que esa lucecita es la esperanza. Y aunque no lo notes o comprendas, todo alrededor es una señal, hasta la hoja que te cae en el brazo porque te hará detenerte en su forma, en su tacto y te sacará de un pensamiento anclado y tal vez demasiado oscuro. Quizás el alumno inquieto esté ahí para que te reencuentres, es un desafío. Tu semilla es una prueba viva del continuar, del ciclo vital. Se puede. Lleva tiempo. Sucede.

Y resulta que "atrás" no hay ningún punto al que volver. Este hoy es producto de cada historia anterior, de todas juntas y pronto será el "atrás" al que nos preguntaremos si regresar o no. Así sentido, hay un mañana que será el ayer de otro mañana y ahí estará esperando con su carga de impaciencia hasta que lleguemos plenos de vivir este ahora.

Te comparto mis recuerdos donde estás, un tesoro y te dejo un abrazo muy fuerte.