Si como termina el año fuera preludio de cómo será el próximo, pues justo las 12 de la noche me sorprendió durmiendo, sólo para despertarme 20 minutos después lista para estrenar el año... caminando.
Sobrevolando Colorado, se veia todo blanco por la reciente nevada y esta es una vista desde mi ventanilla...

Luego de una breve parada, seguimos a nuestro destino final, Las Vegas, donde a pesar de pertenecer al Estado de Nevada, ahi una gota de agua es lo mas preciado.
Las Vegas es una ciudad que no duerme y donde los excesos reafirman el nombre conque también se le conoce "Sin city", la ciudad del pecado. Si no fuera por las enceguecedoras luces de neón y los majestuosos hoteles que abarrotan el "Strip" no pasaría de un árido desierto. Justo es de reconocer que es una ciudad para ir alguna vez, por mi parte no es una ciudad a la que me atraiga volver aunque se me hayan quedado muchas cosas por ver. Hay hermosos espectáculos de agua al ritmo de canciones; mi favorita la de Bocelli.

En la calle principal, el Strip, se suceden uno tras otro, hoteles que representan algún sitio del mundo, Italia, Grecia; y te encuentras lo mismo una montaña rusa que pasa por encima de New York, que un volcán en erupción, que góndolas dentro del hotel Venettian (Venecia) donde los gondoleros van haciendo las delicias de los paseantes, hasta una calle "Fremont", en el centro más antiguo donde a las 7 de la noche apagan todas las luces para dar paso a un espectáculo muy bonito de imágenes en el largo techo abovedado.
Impresionante sí, la visita al "Hoover Dam", una obra de ingeniería para quitarse el sombrero. Es una presa ubicada en el curso del río Colorado, en la frontera entre los estados de Arizona y Nevada.

En resumen, me gustó este viaje para no pensar y caminar hasta el cansancio. Y lo mejor, fui testigo de un evento maravilloso; vi lloviznar (a ratos fuerte) en el desierto. Cierto es que de paso, por dos días el frío me llevaba tullida.
La sensación al partir es la de salir de una fiesta donde nadie se da cuenta, pues por uno que sale, otros mil entran y no para el ruido; a pesar de tanta opulencia me pareció una ciudad sin rostro. Allí no falta quien haga realidad su fantasía ya sea de juego o erotismo porque un lema se repite:
"Lo que pasa en Las Vegas, queda en Las Vegas".

He de decir que el 2007 fue como vivir sobre una montaña rusa de donde, forzadamente, he debido bajarme en una estación sin nombre. Aún no decido qué siguiente paso daré. El tentativo precio a las opciones de felicidad disponibles es alto y sin garantías. Si hago lista de todo lo ocurrido en apenas 12 meses: boda, cirugía, hormonas, esperanzas, resultados negativos...
Pero mejor dejar cada hecho donde ocurrió y que sea borrón y cuenta nueva.